Eran organismos gregarios que buscaban aquello que no saben. Cada vez miraban menos sus manos y más sus agendas en los telefonos celulares. Se agrupaban en edificios, lugares públicos y calles para comentar a cuanto cerró la moneda en auge.
Acostumbraban ensordecerse con sustancias naturales en cuyo poder esperaban alegrarse. Discutían siempre por nimiedades.
Les gustaba decir que eran tristes y hablar de sus bondades. Sus tribus se contaban por millares y estaban mas alllá de los campos que rodearon, hasta el Siglo Granate, sus ciudades.

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